Errores jugando en Las Vegas

Todos cometemos errores y yo desgraciadamente tengo que admitir que a lo largo de mi vida he cometido muchos y algunos de los más graves me han ocurrido en los casinos.

Os pondré un ejemplo con uno que me ocurrió hace algunos años, Estaba en Las Vegas jugando a los dados y al blackjak durante unas vacaciones de dos semanas. Debo decir que como me considero un jugador profesional mis apuestas suelen ser bastante altas y en mi primer día me dieron una tremenda paliza. Perdí cinco de los grandes en una sola mano.

imagen de errores jugando en las vegas

Durante los siguientes 12 días planeé mi venganza acumulando lentamente victoria tras victoria hasta que logré recuperar todo lo que había perdido y 1.700 dólares más.

En los círculos de apuestas hay un debate sobre qué es lo que tienes que hacer si aumentas tu bankroll justo antes de irte a casa. Algunos son de la opinión de que si vas ganando es una tontería no aprovecharse y dejarlo. Las cartas y los dados no saben cuando te tienes que ir y el ritmo del juego te pide terminar su ciclo natural.

Yo me encontraba ante un dilema. Por un lado siempre he estado de acuerdo con esta teoría, pero por otro después de haber trabajado tan duro para recuperarme me daba pavor que se me torcieran las cosas y tener que volverme a casa sin nada. Aunque para las cartas y los dados el tiempo no significaba nada, para mí sí.

Entonces llamé a mi mujer y ella me dio un gran consejo.” ¿Qué idea te hace sentirte mejor? “ me preguntó. “¿Adelantar tu regreso a casa y volver sabiendo que has sido capaz de recuperarte o quedarte y afrontar lo que ganes o pierdas sin sentirte culpable? Haz lo que te haga sentir más feliz”

Me tome este consejo muy en serio. He hice justo lo opuesto de lo que me recomendó. Me dije que era de críos no ser capaz de llegar hasta el final y afrontar lo que el destino me reservara. Tenía que ser un jugador de método hasta el final. ¿Emociones? Un jugador no se rige por emociones. Así que volví. Y perdí otros 5.000. Y encima me tocó contárselo todo a mi mujer y confesarle que no le había hecho caso.